El aroma de la farmacia, parte de nuestra marca

Decía Oscar Wilde que “no hay una segunda oportunidad para una primera impresión”. En unos siete segundos, las personas somos capaces de hacernos una idea sobre alguien que acabamos de conocer y, tanto si es positiva como negativa, esa imagen permanecerá en nuestro mente durante mucho tiempo. Con nuestras farmacias pasa lo mismo: si un cliente entra en nuestro establecimiento y su primera impresión es positiva, es probable que se quede más tiempo y que regrese.

En esta impresión influyen varios factores (colores, luz ambiente, temperatura…), pero hoy vamos a centrarnos en uno de los más relevantes y de los que más pasa inadvertido: el olor de nuestra farmacia. Los aromas están muy vinculados a la emoción y a la memoria: los seres humanos recordamos el 35% de lo que olemos y sólo el 5% de lo que vemos. Por eso, es muy importante definir una fragancia para nuestra farmacia y utilizarla como parte de nuestra marca.

Lo difícil para una botica es determinar qué tipo de olor es coherente con los productos que vende y con la imagen que quiere proyectar. Desde luego, tiene que ser un olor a ‘limpio’, pero hay muchos tipos de olor a limpio y de ninguna manera deberíamos acercarnos al olor limpio-desinfectado de los hospitales o al clásico olor a hierbas medicinales de las herboristerías. Veamos algunos ejemplos:

Si nuestra farmacia se encuentra al lado de un ambulatorio, donde la mayoría de nuestros clientes vienen a buscar medicamentos, la intención es evadirles de su enfermedad y procurarles tranquilidad y cuidados. Son aconsejables, por tanto, los aromas florales y relajantes como el jazmín, la lavanda o la vainilla.

Si nos encontramos en un establecimiento donde la mayoría de las ventas son de productos de puericultura o a infantiles, podría ser adecuado utilizar aroma a talco o a colonia de bebés.

Si una parte muy importante de nuestras ventas son productos de belleza, habría que buscar un olor algo más sofisticado, quizá un olor similar al que pueda tener un spa, como aroma a té blanco, té verde, bambú, orquídea o jazmín. En este caso es muy importante no sobrecargar el ambiente y seleccionar los productos también por su aroma. El olor ofrece al cliente una pista sobre sus propiedades y, por buena que sea una crema, su venta será difícil si el aroma no refleja su calidad.

Es un error muy común en las farmacias abusar de los aromas cítricos. Cierto que algunas notas son energizantes, dinamizantes y huelen a limpio, pero usadas sin control pueden retrotraer al cliente al olor limpio-desinfectado de hospital.

Olores adecuados a cada promoción

Algunos expertos aconsejan asociar el olor de la farmacia a determinadas promociones y épocas del año. Así, por ejemplo, sería adecuado utilizar un aroma a brisa marina o a coco en la campaña de verano, que actuaría como reclamo para la venta de bronceadores. El olor a vainilla, a canela o a piñas sería más adecuado para las fechas navideñas, cuando pueden hacer recordar a los clientes sus regalos pendientes. Un truco en este caso sería adornar la farmacia con velas aromáticas.

Lo importante en todos los casos es buscar un olor suave que encaje con nuestra estrategia de ventas, con nuestros clientes y con la ubicación de nuestro establecimiento. Y, por supuesto, utilizar este recurso de forma limitada, sin sobrecargar el ambiente, ya que lo que es agradable para algunos, no lo es tanto para otros.

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