¿Es la tuya una ecofarmacia?

En septiembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una hoja de ruta que plantea 17 Objetivos con 169 metas para erradicar la pobreza y las desigualdades, promover la paz y la justicia, y adoptar medidas urgentes contra el cambio climático que garanticen la protección duradera del planeta. Tras esa declaración, gobiernos, empresas y particulares han comenzado un camino de transformación que tiene en el cuidado de los recursos ambientales uno de sus pilares.

El sector farmacéutico participa de este cambio universal. Además de su papel como agente de transformación social que promueve la equidad, el bienestar y la vida digna, es una profesión cada vez más preocupada por el cuidado del medio ambiente. Desde hace años, numerosas boticas facilitan el reciclaje de los envases de medicamentos a través de su recogida en los Puntos SIGRE. Gracias a la colaboración entre ciudadanos y farmacéuticos, durante 2018 se recogieron una media de 103,08 gramos de envases vacíos o con restos de medicamentos por habitante en los 21.800 puntos SIGRE existentes, lográndose el reciclaje del 62,34% de los materiales de los envases. Paralelamente, desde la industria farmacéutica se trabaja en el ecodiseño de los envases de medicamentos para hacerlos más ligeros y fáciles de recuperar.

Más allá del reciclaje, existen otras medidas aplicables a las oficinas de farmacia con las que los boticarios podemos contribuir a luchar contra el cambio climático. La propia SIGRE, la entidad sin ánimo de lucro que gestiona los envases y restos de medicamentos, ha elaborado una infografía donde se desglosan 77 medidas sostenibles, que podemos implantar en las diferentes zonas de nuestros establecimientos. A la vista de estas medidas, ¿dirías que la tuya es una ecofarmacia? Si es que no, pero te gustaría poner tu granito de arena para conseguir un desarrollo sostenible, sigue leyendo.

En general, para convertir nuestra farmacia en una ecofarmacia hay que actuar en cuatro ámbitos:

1. Eficiencia energética.
Es un hecho que, si ahorramos energía, reduciremos los gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera. Ahora bien, ¿puede hacerse esto sin empeorar la experiencia de nuestros clientes/pacientes? Naturalmente; incluso podemos mejorarla. Algo tan sencillo como regular el termostato entre 20 y 22º C para la calefacción en invierno y entre 25 y 26º para la refrigeración en verano puede suponer un importante ahorro de energía, además de que aumentará la sensación de confort de las personas que entren en la farmacia.

Con esta y otras medidas de eficiencia energética –como optimizar el aislamiento térmico de puertas y ventanas, sustituir la iluminación y los aparatos eléctricos por otros más eficientes o instalar detectores automáticos de iluminación en las estancias de uso temporal para evitar descuidos– no solo contribuiremos a la lucha contra el cambio climático, sino que reduciremos considerablemente la factura de la luz.

2. Ahorro de agua
El agua es un bien limitado e insustituible. Según la ONU, hoy en día, más de 1.700 millones de personas viven en cuencas fluviales en las que su uso supera la recarga natural, por lo que dos tercios de la población mundial podría vivir en países con escasez de agua para 2025. Para no malgastar este bien escaso en nuestra farmacia, debemos adoptar algunas medidas muy sencillas: en el baño, debemos evitar el vertido de residuos en el inodoro y utilizar un sistema de doble descarga para la cisterna, así como utilizar una grifería monomando para minimizar el consumo de agua, entre otros. Además, podemos limpiar el establecimiento en seco o utilizar el agua de la forma más eficiente posible.

3. Uso responsable de bienes y servicios
A la hora de comprar los artículos necesarios para el funcionamiento de la farmacia, mejor hacerlo de forma sostenible, considerando aspectos ambientales, económicos o sociales. ¿Cómo diferenciarlos? Por ejemplo, seleccionando aquellos productos o servicios con ecoetiquetas, que garantizan que han sido diseñados o prestados con criterios de sostenibilidad. Otra opción es apostar por aquellos productos elaborados con materiales reciclados. En el caso de los muebles de madera, debemos asegurarnos de que proceden de bosques gestionados de forma sostenible. En cuanto las bolsas de plástico convencionales, hay alternativas creativas para sustituirlas antes de su prohibición total en enero de 2020.

4. Optimización de los recursos
Ante la evidencia de que todo proceso de producción o fabricación conlleva un coste medioambiental, la sociedad está avanzando hacia la economía circular, un modelo en la que se utilizan y optimizan los materiales y residuos, dándoles una segunda vida. Por eso, es necesario aprovechar al máximo los recursos, materiales y aparatos de los que disponemos en la farmacia, reutilizándolos siempre que sea posible. Además, es muy importante la labor de concienciación a los clientes/pacientes para facilitar el reciclado de envases y restos de medicamentos en el punto SIGRE, que debemos mantener y gestionar de forma responsable.

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