Servicios añadidos en Farmacia

Servicios FarmaciaCon la situación económica actual en la oficina de farmacia, resultado de la crisis y los constantes recortes que ha sufrido la venta de medicamentos, los servicios añadidos de la farmacia, que se integran dentro de la llamada “cartera de servicios” pueden cobrar una importancia vital para paliar en parte el descenso de los márgenes de beneficio que se vive en estos días.

La pregunta clave en este caso es, ¿qué servicios puedo dar? ¿Y cuáles interesa dar?

Abordando primero la segunda cuestión, es necesario conocer bien al tipo de cliente que visita la oficina de farmacia ante la posibilidad de ofrecer un nuevo servicio añadido que, en ningún caso, ha de ser gratuito. Una vez se ha establecido qué servicios puede ser interesante añadir a la oferta de farmacia, lo que toca es hacer un estudio de los costes de implementación y mantenimiento de dicho servicio, amén de los beneficios que pueda reportar al margen de la oficina. Si el servicio no es rentable, teniendo en cuenta la situación actual, ponerlo en marcha sería equivalente a darse un tiro en el pie, por mucho que pueda ayudar a la fidelización de clientes. Y, por último, si se decide ofertar un servicio, formarse o contar con el personal formado a propósito, de forma que se pueda sacar el máximo rendimiento. Un servicio mal realizado no sólo implica malos resultados, sino que acarrea un deterioro de la imagen de la farmacia a ojos del público y la consecuente pérdida de fidelidad clientelar.

¿Qué servicios hay para incluir dentro de la oferta de la farmacia? Aparte de aquellos que el propio titular de la oficina y su equipo puedan idear, hay una paleta de servicios añadidos que siempre está disponible para su estudio y posible implementación:

– Formulación Magistral, que siempre permite satisfacer una necesidad específica del cliente en el campo de los medicamentos.

– Detección precoz de diabetes, cáncer de colon, VIH, estreptococo, hipertensión o sífilis, entre otras enfermedades susceptibles de ser detectadas de forma temprana y tratadas consecuentemente.

– Sistemas personalizados de dosificación (SPD), pensados para ayudar al cliente a diseñar su tratamiento por tomas y días. El farmacéutico le prepara las dosis en un blíster con las dosis adecuada, facilitando las ingestas de medicamento.

– Servicios que necesitan una titulación adicional, como nutrición, ortopedia, dietética, análisis clínicos…

– Programa de mantenimiento y dispensación de metadona, así como dispensación e intercambio de jeringuillas (PIJ).

– Campañas sanitarias destinadas a la prevención de enfermedades y la promoción de hábitos de vida saludables.

– Atención a los pacientes adscritos a los Servicios de Atención Domiciliaria, que a menudo son dependientes y no siempre se pueden desplazar hasta la farmacia para obtener su tratamiento.

– Tratamiento directamente observado (TOD) para terapias puntuales y concretas como, por ejemplo, una medicación contra la tuberculosis.

Estos son sólo algunos ejemplos de los servicios que se pueden añadir a la dispensación de medicamentos y demás parcelas tradicionales de la oficina de farmacia. No obstante, hay que remarcar que no hay un límite ni un patrón fijo de servicios añadidos, y que es un buen conocimiento de la zona y el perfil de cliente que se tiene lo que permite adaptar mejor los servicios e incluso idear algunos específicos que funcionen bien entre la clientela habitual de la farmacia.

Deja un comentario